La Sierra de Guadarrama en la literatura

Publicado en Patrimonio cultural

La presencia de la Sierra de Guadarrama en nuestro patrimonio literario es tan antigua casi como la literatura misma. Quizá la primera referencia sea la del "libro de la Montería" de Alfonso XI, texto que recoge los animales de caza, los lugares donde cazarlos y por dónde hay que pasar para encontrarlos. Posteriormente muchos libros medievales hablan del Guadarrama, siendo quizá el más destacado el "Libro del Buen Amor" del Arcipreste de Hita, escrito en ese mismo siglo XIV, con numerosas aventuras pastoriles, picarescas y divertidas.

Otros muchos como el Marqués de Santillana en sus serranillas tiene numerosas referencias a esta Sierra como el camino que va a Lozoyuela o la bajada del Yelmo. El siglo de Oro está plagado de obras en la que describen al Guadarrama como un escenario, un decorado grandioso. Cervantes, Lope de Vega, Vélez de Guevara, Tirso de Molina, Rojas Zorrilla y el mismo Góngora entre otros, sitúan algunas de sus obras en la majestuosa Guadarrama.

La época de la Ilustración también recorre esta sierra, destacando Antonio Ponz en su Viaje a España con las cartas al Valle del Lozoya y a El Paular con una minuciosidad memorable o los mismísimos Nicolás Moratín y Jovellanos que "descubren" un paisaje lleno de enigmas y peligros. El romanticismo también se hace eco de estos rincones, y no sólo por autores españoles, sino que ingleses, franceses e italianos dejaron en sus escritos la memoria del Guadarrama. Son muchos los nombres que han consagrado a esta sierra conforme han pasado los siglos hasta llegar al XIX, cuando se produce un importante cambio en la actitud y la mentalidad de descubrimiento del amor a la Sierra. Giner de los Ríos, Pío Baroja y por supuesto Antonio Machado dejan huella con su devoción guadarrameña. Quizá es en esta época cuando se siente y se entiende a la sierra como un elemento indispensable, siendo Enrique de Mesa el primero que se puede llamar "montañero".

Ya entrados en el siglo XX autores como Ortega y Gasset o Carlos Fernández Shaw dejan su huella escrita en sus cumbres hasta llegar a Leopoldo Panero y el poeta Luis Rosales, que se afincó en Cercedilla. Más entrados en ese siglo Cela, Sánchez Ferlosio o Vicente Aleixandre escriben textos casi geográficos y evocadores de nuestra sierra en sus novelas hasta llegar a los albores del siglo XXI.