Una de sal para los anfibios

  • 05 Abril 2017 |
  • Escrito por  Andrea María Portal Ruiz

sapo excavadorLos manglares son ecosistemas compuestos por plantas halófitas (adaptadas a ambientes con cierta salinidad) que se caracterizan por poseer una rica biodiversidad. Durante los últimos 50 años, a pesar de su gran valor ambiental, se ha perdido aproximadamente un tercio de los manglares del mundo y el resto han sido alterados de manera significativa. Estos bosques proporcionan servicios ecosistémicos claves para el hombre como la protección de la erosión costera, la acumulación de sedimentos, contaminantes, carbono… además de proporcionarnos otros recursos como madera o alimentos. Pero no solo el hombre saca partido de los manglares, una enorme variedad de especies habitan en ellos, que a su vez, se han visto seriamente afectadas como consecuencia de la alteración y degradación de los mismos incluyendo, por supuesto, los anfibios.

En México, hemos conocido el caso del estado de Taumalipas, en el cual los bosques de manglar han sido gravemente afectados por la actividad industrial y portuaria. En concreto, el humedal “Arroyo de Garrapatas” experimentó en los años 70 un descenso de la salinidad de sus aguas por la actuación de una empresa petrolera, que separaba el agua dulce del agua salada partiendo el manglar en dos. Esto ocasionó un profundo cambio en todo el ecosistema. Las aguas dulcificadas fueron un hábitat más adecuado para especies de vegetación invasoras y las especies autóctonas murieron o fueron desplazadas. Gran parte de la fauna huyó a otras zonas más óptimas.

Sin embargo, todo esto cambió con la llegada de la empresa Iberdrola en 2003, que empezó a liberar el agua salada que empleaba para refrigerar la central a la laguna. Con el tiempo la salinidad propia del manglar se fue recuperando y con ella, las especies que antiguamente habitaban en él. Entre ellas podemos destacar al sapo excavador mexicano (Rhinophrynus dorsalis) una especie sujeta a protección especial según la NOM-059-ECOL-1994 mejicana. Este carismático animal de cuerpo globoso y flácido ha sido poco estudiado y tiene una importante relevancia biológica y ecológica.

Tenemos que destacar que gracias a las óptimas condiciones climáticas del estado de Taumalipas, éste se caracteriza por poseer una gran variedad de anfibios, entre las cuales se encuentran 10 especies de urodelos y 33 de anuros. De todas ellas, una se encuentra amenazada, 7 se consideran raras, 2 están protegidas y una está incluída en la categoría de “protección especial”. Como consecuencia, todas las actuaciones que conlleven una recuperación de la calidad de los ecosistemas de la región, afectarán de buena manera al estado de conservación de los anfibios de Taumalipas.

rana cancrivoraLas especies de anfibios que habitan el ecosistema de manglar deben estar adaptadas a una salinidad mayor que aquellos anfibios que habitan aguas más dulces, entre ellas podemos señalar a un peculiar animal, la Rana cancrivora o Fejervarya cancrivora. Vive en los manglares del sudeste asiático y su nombre específico se le fue otorgado porque se alimenta de pequeños cangrejos, muy abundantes en los humedales de manglar. Tolera altas concentraciones de salinidad mediante una serie de adaptaciones: en estado larvario se comportan como los peces teleósteos (mantienen la concentración osmótica de su medio interno en valores relativamente bajos) y en estado adulto actúan como los tiburones y las manta rayas (acumulan urea en sangre para mantener el equilibrio osmótico y a su vez reducen la producción de orina).

Con el aumento del nivel de los océanos, las aguas van ganando terreno a la costa y los humedales de los manglares van adquiriendo nuevas características físico-químicas, destacando una mayor salinidad. A pesar de ello las especies de anfibios están siendo capaces de adaptarse a las nuevas condiciones. Fejervarya cancrivora es un claro ejemplo de ello, a lo largo de la evolución esta especie encontró una ventaja adaptativa en las condiciones salobres de los manglares, aparentemente no óptimas para los anfibios. Con el tiempo a su favor para poder aclimatarse a las nuevas características del agua y sin mayores presiones selectivas, los anfibios podrán adaptarse y salir exitosos en estos tiempos de cambios.

Para concluir, comentar que el caso de la empresa Iberdrola en el “Arroyo de Garrapatas” del estado de Taumalipas es un buen ejemplo de que para favorecer la conservación de los ecosistemas y las especies que albergan no necesariamente se requiere aplicar medidas costosas o complejas. Esperamos que el manglar prosiga su recuperación y que las especies continúen regresando, hasta que el valor ecológico del humedal se aproxime todo lo posible a su estado original.

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